COSMOS 2014, una gran odisea

Cuando se anunció que este 2014 la icónica serie Cosmos (1980) de Carl Sagan tendría una nueva versión a cargo Neil deGrasse Tyson llamada COSMOS: A Spacetime Odyssey, muchos confiábamos en que estaría a la altura que Cosmos merecía, pero había que ver la nueva serie para confirmarlo.

Afortunadamente estábamos en lo correcto y ciertamente la nueva serie ha estado a la altura. En la serie original Sagan marcó e inspiró una generación en los años 80, básicamente más que aprender cosas nuevas –qué en el caso de la ciencia siempre va cambiando–  nos hizo pensar. Ahora a inicios del siglo 21 deGrasse Tyson hace lo mismo, pero tal vez de una forma no demasiado extraña, las palabras finales de Sagan parecen más vigentes que nunca, ilustradas más tarde por esa magnífica fotografía de un punto azul pálido. Era el año 1990 y las naves Voyager llegaban al final de su misión exploratoria de los planetas exteriores, la Voyager 1 se encontraba más allá de Neptuno y se aventuraba en los confines del espacio exterior, entonces Sagan miembro del equipo de la misión, tuvo la idea de un “selfie” planetario, una última mirada a casa antes de despedirse. El video que ilustra este artículo tomado de la nueva Cosmos simula la visión que habría tenido la Voyager para tomar dicha foto, está en inglés pero la verdad las palabras de Sagan se entienden perfectamente. Pero por si acaso aquí está la traducción (de wikipedia):

 

 Eso es aquí. Eso es nuestra casa. Eso somos nosotros. Todas las personas que has amado, conocido, de las que alguna vez escuchaste, todos los seres humanos que han existido, han vivido en él. La suma de todas nuestras alegrías y sufrimientos, miles de ideologías, doctrinas económicas y religiones seguras de sí mismas, cada cazador y recolector, cada héroe y cobarde, cada creador y destructor de civilizaciones, cada rey y campesino, cada joven pareja enamorada, cada madre y padre, cada niño esperanzado, cada inventor y explorador, cada profesor de moral, cada político corrupto, cada “superestrella”, cada “líder supremo”, cada santo y pecador en la historia de nuestra especie ha vivido ahí —en una mota de polvo suspendida en un rayo de sol.

La Tierra es un escenario muy pequeño en la vasta arena cósmica. Piensa en los ríos de sangre vertida por todos esos generales y emperadores, para que, en gloria y triunfo, pudieran convertirse en amos momentáneos de una fracción de un punto. Piensa en las interminables crueldades cometidas por los habitantes de una esquina de este píxel sobre los apenas distinguibles habitantes de alguna otra esquina. Cuán frecuentes sus malentendidos, cuán ávidos están de matarse los unos a los otros, cómo de fervientes son sus odios. Nuestras posturas, nuestra imaginada importancia, la ilusión de que ocupamos una posición privilegiada en el Universo… Todo eso es desafiado por este punto de luz pálida. Nuestro planeta es un solitario grano en la gran y envolvente penumbra cósmica. En nuestra oscuridad —en toda esta vastedad—, no hay ni un indicio de que vaya a llegar ayuda desde algún otro lugar para salvarnos de nosotros mismos.

La Tierra es el único mundo conocido hasta ahora que alberga vida. No hay ningún otro lugar, al menos en el futuro próximo, al cual nuestra especie pudiera migrar. Visitar, sí. Colonizar, aún no. Nos guste o no, por el momento la Tierra es donde tenemos que quedarnos. Se ha dicho que la astronomía es una experiencia de humildad, y formadora del carácter. Tal vez no hay mejor demostración de la locura de la soberbia humana que esta distante imagen de nuestro minúsculo mundo. Para mí, subraya nuestra responsabilidad de tratarnos los unos a los otros más amable y compasivamente, y de preservar y querer ese punto azul pálido, el único hogar que jamás hemos conocido.

 

De esto es a fin de cuentas de lo que se trata Cosmos.

Su último episodio se trasmitió esta misma semana en una multitud de países y en decenas de idiomas, es decir, está disponible para prácticamente todo el mundo. Esta vez ya no hay excusas.

 

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